Eduardo Salavera nace en Zaragoza en 1944 donde fallece en 2016 a los 72 años de edad, fue un pintor muy vinculado desde sus comienzos a las actividades e iniciativas culturales que han tenido lugar a lo largo de sus más de cincuenta años de carrera pictórica. Toda su trayectoria vivencial y artística se ha caracterizado siempre por una notable coherencia y una flexibilidad de criterios ciertamente poco usuales, lo que acaso singulariza todavía más una obra plástica de personalidad muy notable y valores artísticos e ideológicos indiscutibles.

 

El principal afán de Eduardo ha sido, evidentemente, mantener su apasionada dedicación a la pintura, entendida como aventura y apuesta cotidiana, relativizando por completo grandilocuencias indeseadas y apreciando en sus justos términos la presumible trascendencia de unos resultados que son consecuencia tanto del esfuerzo lúcido como de la permanente incertidumbre, con cuanto ello supone de riesgo para el digno mantenimiento de la propia identidad y la irrenunciable autoestima.

Contemplando su pintura, no parece que pueda existir duda alguna acerca de hasta qué punto ha conseguido Eduardo la mayor parte de sus objetivos, es decir, llevar a cabo una obra tan sincera y plena de contenidos plásticos como representativa de sus inclinaciones expresivas y de la sensibilidad de nuestra época.